Memoria olfativa
Intento de asesinato en Marrakech
Todo empezó una mañana durante el desayuno, estaba en Marrakech para una conferencia dermatológica. La hospitalidad de esta gente es realmente increíble. Primera parada, el desayuno: huevos revueltos con queso y verduras, una especie de pizza cocinada a la plancha para rellenar con miel o queso, luego fruta, yogur, cruasanes, té de menta, zumo de naranja y café… en resumen, el comienzo adecuado para no ir a la conferencia con la barriga vacía.
Para comer fuimos al centro de Marrakech a comer pescado. Pensé: por fin comeremos algo ligero…. Me sirvieron una bandeja entera de pescado frito, debía de ser un kilo y medio de pescado variado que incluía calamares, sepia, salmonete, gambas y lenguado.
Para hacer la digestión, hacia las 15.30 nos detuvimos en un café para hablar de negocios y pedimos un par de porciones de tarta de chocolate y avellanas con abundante nata y crema chantilly, acompañadas de té a la menta.
Tras terminar el «sencillo» café, fuimos a dar un paseo por la plaza Jamaa el Fna, uno de los bazares más grandes del mundo. En la parte cubierta del mercado hay innumerables espacios con pequeños comerciantes que venden todo tipo de objetos, teteras, lámparas, alfombras, platos decorados, zapatos y zapatillas de cuero. Y luego los puestos de especias llegadas de todo el mundo, con sus colores brillantes y sus olores penetrantes. Pimienta de todas las formas y colores, comino, cardamomo, pimentón y cúrcuma: de estas especias surgió la inspiración para crear Marrakech Marché. Allí, en el zoco, degustamos un plato típico: un pan plano relleno de cebolla frita y un rollo de pasta filo con carne de pollo y fideos de soja, todo ello acompañado de abundante té a la menta. ¡Por fin llega la hora de cenar! Elegimos un pintoresco restaurante donde la especialidad es cabeza de cordero al vapor, seguida de muslo de cordero al horno y tagine de pollo con pasas sultanas y ciruelas pasas. Terminada la cena, pensando que iba a reventar, pedí a mis compañeros dar un paseo de vuelta al hotel. Buena idea», me contestaron, pero antes teníamos que hacer una parada. Tres minutos después nos detuvimos en un quiosco donde me ofrecieron un batido fresco y ligero… una mezcla de aguacate y dátiles del desierto, una bomba de calorías…… Les di las gracias pero tuve que rechazarlo, no podía soportarlo, los dejé y llegué sola al hotel por miedo a que me pidieran más tarde que fuera a algún café a beber o comer otra cosa…
De hecho, al día siguiente, me contaron que, antes de irse a la cama, ¡se habían parado a tomar un helado digestivo!
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